La supuesta regeneración moral en Morelos acaba de recibir otra puñalada por la espalda. Mientras el discurso oficial repite como mantra que el nepotismo quedó eliminado, el coordinador de los diputados de Morena, Rafael Reyes Reyes, intenta imponer como magistrada a su propia hermana, Karla Socorro Reyes Reyes. El descaro es absoluto: Karla está casada con David Iván Ortiz Muñiz, quien fue alcalde suplente de Jiutepec en el mismo periodo en el que Rafael dejó múltiples observaciones por desvíos de recursos, documentadas por la Auditoría Superior de la Federación. Esto no es casualidad ni coincidencia: es un mecanismo familiar de control político.
El Foro Morelense de Abogados, reconocida como la asociación de litigantes más sólida, seria y congruente del estado, también alzó la voz ante este evidente acto de corrupción y nepotismo. Su presidente, Pedro Martínez Bello, señaló con firmeza que estas designaciones manchadas por intereses personales violentan la autonomía judicial y ponen en riesgo la credibilidad institucional. Incluso reveló información grave: hay indicios de que las plazas estarían siendo ofertadas hasta en 8 millones de pesos, una cifra que confirma que el Poder Judicial de Morelos podría estar operando como un mercado negro de cargos públicos. La postura del Foro deja claro que aún existen abogados de verdadera talla que defienden las causas justas y no están dispuestos a permitir que el sistema se siga pudriendo desde dentro.
La movida revela la estructura interna de Morena en Morelos, donde el poder se administra como si fuera herencia privada y los cargos públicos se reparten entre hermanos, cónyuges y aliados. La narrativa de “no mentir, no robar, no traicionar” queda convertida en eslogan hueco cuando quienes deberían defenderla son los primeros en pisotearla. Lo que Rafael hace no es política: es una operación de captura institucional hecha a mano, construida con influencia, favores y la protección de la marca del partido.
Si Claudia Sheinbaum y la dirigencia nacional de Morena realmente creen en lo que predican, este caso debería ser una línea roja absoluta, un ejemplo de lo que no se puede tolerar. Pero en Morelos la 4T se comporta exactamente como lo que juró destruir: redes familiares, amiguismos, complicidades y acomodos. Aquí no hay transformación: hay nepotismo descarado, ejecutado a plena luz del día, con la soberbia de quienes se sienten intocables. Y mientras nadie ponga un alto, Morelos seguirá siendo el laboratorio perfecto donde el poder se queda en pocas manos… y siempre en la misma familia.

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